Los barrios

La localidad de Chapinero, presenta una amplia zona rural y suburbana en donde los asentamientos barriales tienen un origen en procesos de autogestión de vivienda, también llamados “desarrollos espontáneos” y que en muchos casos no corresponden a la vocación y uso del suelo. Las condiciones de habitabilidad y su relación con las condiciones del hábitat urbano, reflejan tensiones y conflictos que se expresan en el deterioro de la calidad de vida y del hábitat urbano, arrojando como consecuencia un fuerte impacto sobre ecosistemas como el sistema de cerros y páramos, los cuales constituyen necesariamente una relación de interdependencia con el conjunto de la Estructura Ecológica Principal de la ciudad-región.

La importancia hídrica de los cerros, se expresa en la afluencia de quebradas y arroyos que conforman microcuencas, lo cual significa que constituyen parte fundamental del sistema hídrico de la ciudad. Este contexto territorial ha sido resultado de más de cuatro décadas de poblamiento que se refleja en diversas prácticas culturales y productivas que hacen particular este sector de los cerros, como la agricultura urbana, la explotación de canteras para la industria de construcción de la ciudad, la talla de piedra, el comercio de algunas plantas de páramo y desarrollo turístico que tiene como eje de tránsito la vía a la Calera (miradores, restaurantes, discotecas, entre otros). Es evidente que una de las características más relevantes del proceso de poblamiento de los cerros en Chapinero se refiere a los desarrollos urbanísticos espontáneos, motivados por la búsqueda de soluciones al problema de acceso a la vivienda en la ciudad, así como a las migraciones intraurbanas y regionales, que se expresan en dinámicas autogestionarias, derivadas de la organización comunitaria.
Las UPZ San Isidro Patios y Pardo Rubio, se ubican en la parte alta de Chapinero sobre los cerros orientales, algunos barrios se encuentran inmersos en la zona de reserva forestal, y la mayoría de los barrios que las conforman se encuentran en proceso de legalización, de manera que tienen particularidades (en relación al conjunto de la localidad), asociadas a la estratificación socio-económica ya que se trata de barrios de estratos 1 y 2, así como a la dinámica cultural, por las prácticas y procesos organizativos de base, la historia de poblamiento, las formas de apropiación del territorio y la relación urbano-rural en la ciudad.

SITUACIÓN DE LOS JÓVENES DE LA LOCALIDAD

La exclusión social, cultural, económica y política de los jóvenes de los barrios populares de Chapinero en los Cerros Orientales de Bogotá, por falta de formación, capacitación, oportunidades, accesos educativos, culturales y tecnológicos, en una zona donde el valor ambiental y los conflictos por el territorio requieren de una juventud organizada, dinamizadora y protagonista de su comunidad.Los barrios más pobres de Chapinero, estratos 1 y 2 se encuentran emplazados en los cerros orientales de Bogotá los cuales han sido declarados como zona de reserva forestal protectora por parte de las autoridades ambientales distritales y nacionales. Sin embargo, los desarrollos urbanísticos tienen que ver con procesos de poblamiento que técnicamente son incompatibles con la reserva forestal pero existen hace más de cinco décadas, es decir, que hoy en día existen barrios altamente consolidados en las zonas periféricas de la ciudad que por no responder a un proceso de planificación urbana se encuentran en situación de ilegalidad. Este carácter ilegal deja a las comunidades y especialmente a los jóvenes en situación de vulnerabilidad, de marginalidad, de exclusión sistemática y estigmatización socio-económica. Esto desde la misma lógica gubernamental, que limita la inversión estatal y la hace prácticamente inexistente. Esto sumado a las necesidades inducidas de consumo y a las necesidades practicas en el hogar arroja a los jóvenes, sin formación o capacitación, a emplearse en trabajos mal remunerados, en actividades informales e incluso ilegales, desde el afán de subsistir y la necesidad de desempeñarse en oficios que pueden clasificarse como subempleos ya que no gozan de estabilidad, y carecen de garantías laborales y sociales. Llegando al punto de abandonar la escuela buscando a la vez nuevos referentes de asociación, de afecto, reconocimiento y formación, encontrando en las pandillas, la violencia, el alcohol y la drogadicción un lugar y una identidad, que se puede interpretar como una reproducción de la violencia que se les a propuesto desde el Estado, desde los medios masivos de comunicación, desde la violencia intrafamiliar y desde la sociedad que los discrimina.Esta condición social, se afianza, se vuelve apatía e incredulidad, desconfianza y resistencia a cualquier nueva oferta o propuesta de formación o capacitación, venga del sector privado, de las ONGs o del distrito, sumado al desencantamiento de cursos y capacitaciones en sistemas, video, liderazgo, etc. Que no cuentan con acompañamiento, ni con un aterrizaje a su contexto territorial, generacional y social. Lo cual ha alejado al sector juvenil de los programas y espacios institucionales como los comedores, la agricultura urbana, las formaciones para jóvenes empresarios, las escuelas artísticas, entre otros, desdibujándose oportunidades para ellos, como oportunidades para la integración y el tejido comunitario.Por último, esta situación se hace más grave, en la coyuntura política, normativa, jurídica y administrativa que define el futuro de los Cerros, en donde la vitalidad, creatividad y fuerza de los jóvenes ha estado ausente en momentos en que su liderazgo y trabajo comunitario es imprescindible para la solución de sus problemas como sector social y como barrio.


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